Ahora todo es “bizarro”

Antes de respetar al doloroso proceso de escribir, aprendí a respetar a las palabras. Quizás no debería confesar que no fue amor a primera vista. A puro golpe de clases y libros, entendí que no siempre “decir” es “decir”. Por eso, hay “amigos” de Facebook, y “amigos” con los que uno desinstala el mundo y lo vuelve a instalar. Hace poco, además, me postulé a un club de ociosos que creen que las palabras sirven para crear mundos y justamente porque no tengo alma de apóstol, comienzo a considerar una lista de formas miserables de hacer sufrir a todos aquellos que malgastan la palabra “bizarro”.

Cada vez que alguien pronuncia esas tres sílabas “bi / za / rro”, volteo a la espera de que comience la película de Tim Burton y salgan la mujer barbuda, la bailarina de dos cabezas y el gigante de más de dos metros de altura. Cierro los ojos para recordar las fotos de los “freak show” que hacían en Brooklyn en los años ochenta y en el fondo de mi alma, lo juro, quiero escuchar algo asombroso. Por desgracia, lo que sigue es una retahíla de frases del tipo: “No se consiguen las toallas sanitarias: ¡qué bizarro!”, “Ella no tiene iPod: ¡qué bizarro!”, “Volvió con el ex: ¡qué bizarro!”.  

No, señores, no. En inglés “bizarre” es un adjetivo para designar a algo muy extraño o inusual. En español, aún peor, “bizarro” es un adjetivo que se usa para denotar a alguien valiente, generoso, lucido, espléndido. Se produce, entonces, eso que los licenciados en Letras etiquetan como un anglicismo, que no es más que utilizar una palabra incorrectamente al darle el significado que tiene en otro idioma. Traducción simple: dárselas de que sabe mucho cuando, en realidad, no tiene idea de lo que dice.

Sí, sí, vivo en Caracas y aquí todos quieren (queremos) ser cool. Sí, ya sé que eso no debería sorprenderme, pero me aburre profundamente y al menos, tengo derecho a quejarme y dejarlo por escrito. Detesto a la gente que etiqueta como “bizarro” cualquier tontería ¿y a ustedes cuáles palabras les aburren?